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“Realmente pasé mucho susto, pero siempre tuve la confianza de estar en las mejores manos”

 

Esta esposa y madre de dos hijas debió enfrentar las complicaciones propias de sufrir un aneurisma cerebral. Tras seis meses de licencia y una recuperación lenta y dolorosa, hoy está feliz de volver a trabajar.

La mañana del 17 de abril de este año, Andrea Hermosilla Ringger comenzó a sentir un intenso dolor de cabeza, acompañado de vómitos y una sensación de mucho frío, lo que la dejó prácticamente inactiva durante todo el día. Asustada por lo poco común de sus síntomas, decidió partir al servicio de urgencia, Clínica Santa María, para conocer las causas de este malestar. En la clínica le dieron un analgésico y afortunadamente el dolor pasó. Sin embargo, al otro día, éste se intensificó en forma brusca, con un dolor concentrado en la nuca y cuello, por lo que tuvo que volver al establecimiento. Luego de realizarse una serie de exámenes, el diagnóstico fue definitivo: aneurisma cerebral. Esta enfermedad genera una "debilidad" en la pared de una arteria o vena, ocasionando una dilatación o "abalonamiento" de un segmento localizado en la pared del vaso sanguíneo. “En palabras simples, se me reventó una arteria en el cerebro, con lo cual éste comienza a llenarse de sangre”, explica ella.

Debido a la gravedad del diagnóstico y sus consecuencias neurológicas, Andrea debió ser operada de urgencia esa misma tarde para poder reparar la arteria y evitar mayor hemorragia. Dado que fue una intervención complicada, estuvo internada 8 días en la UTI y posteriormente 8 en la UCI: “Lo pasé pésimo al principio, me sentí morir, apenas podía moverme. Estaba muy medicada y asistida y casi no pude ver a mi familia. Afortunadamente la situación fue evolucionando positivamente. Normalmente este cuadro puede llevar a la muerte o dejar muchas secuelas, como daños motores, a la vista o para caminar. Gracias a Dios mi caso tuvo un buen final”.

Luego de seis meses de licencia y con una energía desbordante, Andrea cuenta que le queda una semana para volver a su trabajo habitual como agente de un Banco. Agradece este tiempo que tuvo para recuperase y retomar sus actividades con calma. “Si bien mi caso no tuvo secuelas irreparables, mi proceso de adaptación a la normalidad no fue tan rápido como esperaba. La recuperación va acompañada de muchas molestias, cansancio y dolores de cabeza, dificultades para caminar y moverse con normalidad”.

Sostiene que en todo momento se sintió muy respaldada por su Isapre Banmédica, a la que está afiliada hace más de 15 años. “Mis amigos me preguntaban si acaso me habían rechazado la licencia por ser tan larga, pero la verdad es que nunca me pusieron ninguna traba. Por el contrario, constantemente me estaban llegando correos electrónicos para informarme sobre la recepción de ésta, lo que era tremendamente tranquilizador. Además, las veces que tuve que contactarme con una ejecutiva, fui siempre bien atendida y asesorada correctamente.”.

Antes de esta enfermedad, Andrea nunca se había sometido a una intervención quirúrgica de esta envergadura y urgencia. Por lo mismo, sus visitas a la Isapre habían sido muy acotadas y por situaciones puntuales. Compra de bonos, consultas sobre médicos para sus hijas, y solicitud de información sobre prestadores era lo habitual y todo “en persona” como dice ella, aprovechando la cercanía de su casa en Talagante con una de las agencias de Banmédica.

“Esa es una de las ventajas que tiene esta Isapre. Te encuentras con una sucursal en cualquier parte ¡Si hasta en Talagante hay una! Además te saludan por tu nombre y se saben hasta el de tus hijos. Es una Isapre al alcance de la mano”.

Otro de los beneficios que destaca Andrea de Banmédica es el servicio de atención telefónica Baninforma. Cuando estuvo con licencia recuerda que frecuentemente llamaba para pedir orientación y resolver algunas dudas. En todo momento se sintió acogida e importante además de que siempre le hicieron seguimiento a sus consultas.

Si bien reconoce que las Isapres son parte de una industria criticada y cuestionada, su experiencia ha sido intachable. “En situaciones como la mía, uno se pregunta qué hubiese pasado si no existiera la Isapre. Realmente pasé mucho susto, pero siempre tuve la confianza de estar en las mejores manos”.